Ud. tiene que votar hoy. Pero antes, tómese un instante de reflexión.
Los invitamos a evaluar este breve código de conducta, que era el esquema básico de instrucción de los jóvenes en una sociedad arcaica que habitaba los confines del universo, casi cayéndose del mapa. Desde nuestro punto de vista actual lo único que tenían eran carencias, no obstante sus habitantes habían perfeccionado una organización social propia y vivían razonablemente felices y satisfechos, al punto de que a diferencia de nosotros, no emigraban al Primer Mundo si podían evitarlo, y los que se iban volvían lo antes posible. Estas eran sus normas:
"Se debe ser bueno y útil a la comunidad.
Respetar a la gente anciana, ayudar a los huérfanos, alimentar a los enfermos.
Ayudar a la esposa en todo.
No involucrarse en chismes.
Atender a los forasteros.
Considerar que los demás tienen tus mismos sentimientos.
No quitar nada a nadie; si algo falta, se le pide al vecino.
Cada quien es su propia autoridad.
Si alguien te insulta, retírate, y cuando los dos ya estén tranquilos, habla a solas con quien te ofendió."
Digamos que estos lejanos antepasados no usaban IPhone precisamente, pero hay que admitir que a la distancia se los aprecia bastante más sofisticados que algunos de los grupos humanos con los que hoy convivimos.
Si tienen curiosidad por saber algo más de estos antecesores perdidos, no tienen más que visitar la casa de Un Servidor, más exactamente en éste post.
Y ahora sí, pasemos a los hechos: llegó la hora del voto. Hay elecciones hoy mismo, VOTE AQUÍ.
La oferta electoral cuenta con temas muy interesantes y algunos participantes famosos. El Equipo ya eligió su candidato y lo recomendamos sin dudar, es más, le garantizamos este es un voto del que ud. no se arrepentirá, aunque todavía no simpatice con los yamanas, la fotografía o la ornitología.
A votar, amigos. A votar amigos!
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
domingo 8 de noviembre de 2009
sábado 17 de octubre de 2009
Cocksucker blues
Cuenta la leyenda que hacia finales de los 60, los Rolling Stones se encontraron ante un dilema.
Eran talentosos, eran jóvenes, se llevaban el mundo por delante. Adorados como dioses, vivían de fiesta en fiesta bajo una lluvia cotidiana de alcohol, mujeres y todas las sustancias de la tabla periódica de elementos a su disposición. Viajaban por las grandes ciudades y cada nuevo disco generaba millones, pero nada es perfecto.
No tenían un centavo, estaban en la quiebra.
Cosas de representantes, casas discográficas y contratos leoninos, la vieja historia repetida una y mil veces. Los Rolling Stones intentaron modificar las condiciones del contrato con Decca Records, pero hubo que seguir hasta el final, donde los esperaba una última cláusula maldita: la empresa les impuso la obligación de entregarles los derechos de un nuevo single para dar el contrato por finalizado.
Jagger discutió el abuso y quiso imponer sus términos, pero es de suponer que se topó con una pared de abogados, porque esa noche se juntó con Keith Richards y juntos compusieron y grabaron el tema que a la mañana siguiente entregaron a la discográfica:
El Blues del Chupap*jas
Para los que no dominan el inglés, les contamos que la melancólica y sórdida letra habla de un chico de pueblo solitario en la gran ciudad, ofreciéndose sin suerte y buscando atraer con su mirada. El estribillo plañidero y triste nos conmueve:
Oh where can I get my cock sucked?
Where can I get my ass fucked?
I may have no money,
But I know where to put it every time
Luego sigue una mención nostálgica a unos chanchos de su granja natal y la entrada en escena de un policía joven, y la cosa termina con el bastón policial aplicado a un uso alternativo.
No hay testimonios acerca de la escena de la mañana siguiente, cuando los ejecutivos de Decca oyeron el tema por primera vez. Una lástima. Previsiblemente, la canción no fue editada por la discográfica y por lo tanto no les produjo el beneficio esperado, pero los Rolling Stones habían honrado sus obligaciones. De ahí en adelante, nuevos contratos y nuevos discos, pero en los términos que ellos quisieron.

Acá es donde comenzamos con las observaciones. Vemos que los Stones se daban el gusto de ser idolatrados masivamente, pero tampoco se privaban del exquisito placer de ser odiados, esa vindicación extraña que ataca a adultos que padecieron sociedades victorianas con tías malvadas, maestros represores y abuelos castradores. La frase "ud. dejaría que su hija se casara con un Rolling Stone?" hizo escuela y fue capitalizada exitosamente por Jagger y sus socios. La contrapartida desafortunada fueron las generaciones de energúmenos profesionales que nunca editaron un Exile in Main Street.
El Equipo rescata de esta historia la posibilidad de un uso inteligente y adulto de los recursos. El rencor hacia los ejecutivos de traje, la rabia y la obscenidad extemporánea, usados con la cabeza fría, dieron el resultado exacto que los Stones buscaban.
Otro elemento a destacar son las reacciones opuestas de sujetos que a lo largo de la historia fueron sometidos a un régimen prolongado de éxito, idolatría pública y consumo de drogas. Vemos que unos arden como cañitas voladoras cumpliendo la máxima de dejar un cadáver hermoso, o incluso destruyen su hermosura antes de dejar el cadáver. Otros en cambio desbarrancan lento, exhibiendo la dolorosa sombra de la belleza y el talento degradados, o peor, generando la sospecha de no haber sido nunca. Y también encontramos a los que permanecen incólumes como montañas, celebran el nacimiento de sus bisnietos o cuentan plácidamente millones a bordo de un yate en el Mediterráneo. No podemos determinar en qué medida estos resultados tan diferentes dependen de las circunstancias, del azar o del aporte del sujeto a su propio destino.
En fin, amigos: esta fue la historia del Chupap*jas. Nos gustaría contar con el aporte de los voluntarios: saber si vivieron las experiencias de transformar el rencor en soluciones, el exabrupto y la transgresión en herramienta útil, los excesos en placeres no necesariamente destructivos, o bien todo lo contrario.
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
Eran talentosos, eran jóvenes, se llevaban el mundo por delante. Adorados como dioses, vivían de fiesta en fiesta bajo una lluvia cotidiana de alcohol, mujeres y todas las sustancias de la tabla periódica de elementos a su disposición. Viajaban por las grandes ciudades y cada nuevo disco generaba millones, pero nada es perfecto.
No tenían un centavo, estaban en la quiebra.
Cosas de representantes, casas discográficas y contratos leoninos, la vieja historia repetida una y mil veces. Los Rolling Stones intentaron modificar las condiciones del contrato con Decca Records, pero hubo que seguir hasta el final, donde los esperaba una última cláusula maldita: la empresa les impuso la obligación de entregarles los derechos de un nuevo single para dar el contrato por finalizado.
Jagger discutió el abuso y quiso imponer sus términos, pero es de suponer que se topó con una pared de abogados, porque esa noche se juntó con Keith Richards y juntos compusieron y grabaron el tema que a la mañana siguiente entregaron a la discográfica:
El Blues del Chupap*jas
Para los que no dominan el inglés, les contamos que la melancólica y sórdida letra habla de un chico de pueblo solitario en la gran ciudad, ofreciéndose sin suerte y buscando atraer con su mirada. El estribillo plañidero y triste nos conmueve:
Oh where can I get my cock sucked?
Where can I get my ass fucked?
I may have no money,
But I know where to put it every time
Luego sigue una mención nostálgica a unos chanchos de su granja natal y la entrada en escena de un policía joven, y la cosa termina con el bastón policial aplicado a un uso alternativo.
No hay testimonios acerca de la escena de la mañana siguiente, cuando los ejecutivos de Decca oyeron el tema por primera vez. Una lástima. Previsiblemente, la canción no fue editada por la discográfica y por lo tanto no les produjo el beneficio esperado, pero los Rolling Stones habían honrado sus obligaciones. De ahí en adelante, nuevos contratos y nuevos discos, pero en los términos que ellos quisieron.

Acá es donde comenzamos con las observaciones. Vemos que los Stones se daban el gusto de ser idolatrados masivamente, pero tampoco se privaban del exquisito placer de ser odiados, esa vindicación extraña que ataca a adultos que padecieron sociedades victorianas con tías malvadas, maestros represores y abuelos castradores. La frase "ud. dejaría que su hija se casara con un Rolling Stone?" hizo escuela y fue capitalizada exitosamente por Jagger y sus socios. La contrapartida desafortunada fueron las generaciones de energúmenos profesionales que nunca editaron un Exile in Main Street.
El Equipo rescata de esta historia la posibilidad de un uso inteligente y adulto de los recursos. El rencor hacia los ejecutivos de traje, la rabia y la obscenidad extemporánea, usados con la cabeza fría, dieron el resultado exacto que los Stones buscaban.
Otro elemento a destacar son las reacciones opuestas de sujetos que a lo largo de la historia fueron sometidos a un régimen prolongado de éxito, idolatría pública y consumo de drogas. Vemos que unos arden como cañitas voladoras cumpliendo la máxima de dejar un cadáver hermoso, o incluso destruyen su hermosura antes de dejar el cadáver. Otros en cambio desbarrancan lento, exhibiendo la dolorosa sombra de la belleza y el talento degradados, o peor, generando la sospecha de no haber sido nunca. Y también encontramos a los que permanecen incólumes como montañas, celebran el nacimiento de sus bisnietos o cuentan plácidamente millones a bordo de un yate en el Mediterráneo. No podemos determinar en qué medida estos resultados tan diferentes dependen de las circunstancias, del azar o del aporte del sujeto a su propio destino.
En fin, amigos: esta fue la historia del Chupap*jas. Nos gustaría contar con el aporte de los voluntarios: saber si vivieron las experiencias de transformar el rencor en soluciones, el exabrupto y la transgresión en herramienta útil, los excesos en placeres no necesariamente destructivos, o bien todo lo contrario.
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
miércoles 23 de septiembre de 2009
Juro que ya venimos

Mientras el Equipo lucha denodadamente por no perecer en el intento de cumplir con el pluriempleo, alcanzar el éxito y mantener el peinado liso sin frizz -todo al mismo tiempo- les dejamos una recomendación. No dejen de pasar por Haciendo la Américo, otro brote más de insatisfacción, dientes apretados e inconformismo, de esos que crecen gracias a la tormenta de estupidez surrealista y maldad idiota que azota nuestras playas. Y nuestras montañas. Y nuestras planicies. El autor, vuestro ya conocido Redentor.
Aunque en el Equipo Tiresias no contamos con expertos ni fanáticos del fútbol, creemos firmemente que el Espíritu de la actualidad, nuestro Zeitgeist argentino, está bellamente explicado en el post que revela el motivo del nombre del blog:
"Porque cada vez que todo está a punto de caer irremediablemente, lo veo al Tolo en la tele comiéndose 9 goles desde el banco, con la cabeza a punto de explotar en mil pedazos, la hinchada tirándole ruedas de tractor, muebles, jirafas, y sin embargo está con la boca cerrada.
Ahí pienso: Bueno, si el Tolo puede hacerlo..."
Bella virtud, la paciencia estoica. No es resignación, es resiliencia. Economizar energía y no malgastarse en mala sangre, para cambiar el rumbo y descartar lo que no sirve, para producir y trabajar por tiempos mejores, más fraternos y más alegres.
Ya lo dijimos hace un tiempo: Keep calm and carry on. O dicho en cristiano, "que no decaiga".
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
Foto: Charles y Ray Eames.
martes 11 de agosto de 2009
Sepan disculpar...

... pero en éstos dias el Equipo se encuentra abocado a múltiples tareas y trabajos, porque el trabajo de investigación -hay que decirlo- no nos da ni para pagar la cuenta de la luz. No, lo hacemos por curiosidad científica y porque nos gusta el deporte de debatir. Porque sí.
Por ahora así estamos, con las manos atadas. Pero nos vemos la otra semana.
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
viernes 24 de julio de 2009
lunes 20 de julio de 2009
Desayuno en La Farola de Cabildo
Berenice nos ha encomendado la publicación de algunos datos específicos. Accedemos porque es una dama gentil y una científica, que con su generosa creatividad nos imagina una cualidad de la que carecemos por completo, el glamour.
Y para que cada uno saque sus conclusiones, publicamos la foto de la última reunión de las señoras del Equipo durante un desayuno de trabajo, junto con las respuestas personales de quien suscribe:

Manía:
Comer papel. No encender la luz eléctrica de día aunque no se vea nada.
Pecado Capital:
La pereza (o algo similar).
Mejor olor del mundo:
Café. Tostadas. Asado. Naturaleza (lluvia, tierra, hojas, leña en el fuego, olor a frío, a verano, etc).
Olores varios: Cera Suiza y WD40.
Recuerdos de infancia:
Miedo a los perros.
Una revista hecha a mano en quinto grado, en colaboración con tres compañeras de la escuela.
Diseño de vestuario para muñecas, personajes imaginarios y uniformes de azafatas para varias líneas aéreas.
Heráldica: creación del escudo de una Sociedad Secreta bordado en paño lenci, que iba prendido del lado de adentro del abrigo (lógico, porque la Sociedad era secreta).
Falsificación de una nota nota a la maestra, firmas paternas incluídas.
Arquitectura: un proyecto jamás concretado. Cerrar las puertas y ventanas que daban a la terraza de mi casa y sellarlas herméticamente con algo, revestir piso y paredes de la terraza con plástico grueso tamaño gigante, e inundar el lugar con 1.50 m de agua, transformando la terraza en piscina. Había que tirarse del techo, claro.
Habilidades como ama de casa:
Ninguna. Cumplir de todos modos.
Luchar contra la falta de espacio.
Lo que menos te gusta hacer en casa:
Atender el teléfono. Salir a hacer compras.
Desaciertos como ama de casa:
Todo, principalmente cocinar.

Perfume que usa:
El que me regalen. Con suerte, un CK o Kenzo Flowers.
Perfume masculino:
CK, o cualquier otro.
Un paseo para el alma:
Tener siempre algún proyecto.

Un paseo para el cuerpo:
Viajar. Comer. Masajes descontracturantes.
Si el dinero no fuera un problema:
Viajar. Contratar un cocinero y un masajista.
No trabajar más (para otros).
Concretar proyectos propios, pero sobre todo financiar buenos proyectos ajenos en distintas áreas.
Convertirme en Peggy Guggenheim.
Convertir a mi esposo en Douglas Tompkins.
Comprarme un municipio pequeño. Ser intendente.
Comprar el peronismo.
Una frase:
“Solía hacer jogging, pero los hielos se me caían del vaso”. David Lee Roth.
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
Y para que cada uno saque sus conclusiones, publicamos la foto de la última reunión de las señoras del Equipo durante un desayuno de trabajo, junto con las respuestas personales de quien suscribe:

Manía:
Comer papel. No encender la luz eléctrica de día aunque no se vea nada.
Pecado Capital:
La pereza (o algo similar).
Mejor olor del mundo:
Café. Tostadas. Asado. Naturaleza (lluvia, tierra, hojas, leña en el fuego, olor a frío, a verano, etc).
Olores varios: Cera Suiza y WD40.
Recuerdos de infancia:
Miedo a los perros.
Una revista hecha a mano en quinto grado, en colaboración con tres compañeras de la escuela.
Diseño de vestuario para muñecas, personajes imaginarios y uniformes de azafatas para varias líneas aéreas.
Heráldica: creación del escudo de una Sociedad Secreta bordado en paño lenci, que iba prendido del lado de adentro del abrigo (lógico, porque la Sociedad era secreta).
Falsificación de una nota nota a la maestra, firmas paternas incluídas.
Arquitectura: un proyecto jamás concretado. Cerrar las puertas y ventanas que daban a la terraza de mi casa y sellarlas herméticamente con algo, revestir piso y paredes de la terraza con plástico grueso tamaño gigante, e inundar el lugar con 1.50 m de agua, transformando la terraza en piscina. Había que tirarse del techo, claro.
Habilidades como ama de casa:
Ninguna. Cumplir de todos modos.
Luchar contra la falta de espacio.
Lo que menos te gusta hacer en casa:
Atender el teléfono. Salir a hacer compras.
Desaciertos como ama de casa:
Todo, principalmente cocinar.

Perfume que usa:
El que me regalen. Con suerte, un CK o Kenzo Flowers.
Perfume masculino:
CK, o cualquier otro.
Un paseo para el alma:
Tener siempre algún proyecto.

Un paseo para el cuerpo:
Viajar. Comer. Masajes descontracturantes.
Si el dinero no fuera un problema:
Viajar. Contratar un cocinero y un masajista.
No trabajar más (para otros).
Concretar proyectos propios, pero sobre todo financiar buenos proyectos ajenos en distintas áreas.
Convertirme en Peggy Guggenheim.
Convertir a mi esposo en Douglas Tompkins.
Comprarme un municipio pequeño. Ser intendente.
Comprar el peronismo.
Una frase:
“Solía hacer jogging, pero los hielos se me caían del vaso”. David Lee Roth.
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
miércoles 15 de julio de 2009
Página 161, quinto párrafo
El Sr. Artus nos ha encomendado transcribir el 5º párrafo de la página 161 del primer libro que tengamos a mano. Accedemos porque es un caballero gentil, y un científico.

Pero nuestras lecturas son anárquicas, y para colmo de males nos encontramos rodeados de manuales técnicos carentes de todo encanto literario, de libros que en la página 161 alojan un cuadro, un listado o una foto, y de libros que directamente carecen de la página 161.
Ya en el borde del papelón, manoteamos un ejemplar gastado de tanto uso:
“El fascismo de Terragni es análogo al catolicismo de Miguel Angel y Borromini: un fascismo virtual, imaginario, honesto, capaz de vencer las lentitudes burocráticas, y por lo tanto capaz de elegir lo mejor en el tiempo más breve; un fascismo “limpio”, antitransformista, antipatriotero, antiprovincial, anticomercial, es decir, un fascismo mítico”.
Bruno Zevi, Giuseppe Terragni, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1981
Y del anaquel se nos cae una novela, con un largo y simpático quinto párrafo:
“La pizza fría de la noche anterior en el desayuno; el turbio café con leche en taza de loza acompañado de tostadas con pan, manteca y azúcar; las facturas del recreo largo con el mate cocido, por lo menos cuatro (mediante un simple sistema de canje de útiles y figuritas, Menester se comía la medialuna de Coliqueo, el vigilante de Esclavuno y el pan de leche de Asturias, además de la suya propia –un sacramento en éste caso-); el almuerzo: la sopa y el churrasco, el vino con soda (los vasos rebalsaban, pura soda) y la fruta: dos mandarinas desgajadas mientras su madre le hacía preguntas acerca de su rendimiento escolar. Después, como premio por ir a cortarse el pelo a Harrods (la madre se había copiado del carapálida), dos panchos con Coca-Cola y un turrón. Finalmente, el Toddy frío con dos medialunas de grasa y una de manteca. ¿Era posible deshacerse de todo eso? Menester ignoraba por completo el mecanismo de la digestión, cosa que no le producía mayor queja por el momento. Sólo quería saber si el producto presente iba a ser el resultado íntegro de lo que había devorado en el pasado inmediato.”
Luis Chitarroni, El Carapálida, Tusquets, 1997.

El Equipo traslada la misma encomienda a todos los voluntarios del Proyecto que deseen participar, sin compromiso. Tenemos curiosidad por conocer qué libros y qué páginas 161 rondan por sus mesas de luz y sus mochilas, es verdad. Pero en última instancia pueden considerarlo como una excusa para postear más a menudo (sin hacer nombres).
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
Fotos
Walter Sanders,1947
Dmitri Kessel, 1949

Pero nuestras lecturas son anárquicas, y para colmo de males nos encontramos rodeados de manuales técnicos carentes de todo encanto literario, de libros que en la página 161 alojan un cuadro, un listado o una foto, y de libros que directamente carecen de la página 161.
Ya en el borde del papelón, manoteamos un ejemplar gastado de tanto uso:
“El fascismo de Terragni es análogo al catolicismo de Miguel Angel y Borromini: un fascismo virtual, imaginario, honesto, capaz de vencer las lentitudes burocráticas, y por lo tanto capaz de elegir lo mejor en el tiempo más breve; un fascismo “limpio”, antitransformista, antipatriotero, antiprovincial, anticomercial, es decir, un fascismo mítico”.
Bruno Zevi, Giuseppe Terragni, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1981
Y del anaquel se nos cae una novela, con un largo y simpático quinto párrafo:
“La pizza fría de la noche anterior en el desayuno; el turbio café con leche en taza de loza acompañado de tostadas con pan, manteca y azúcar; las facturas del recreo largo con el mate cocido, por lo menos cuatro (mediante un simple sistema de canje de útiles y figuritas, Menester se comía la medialuna de Coliqueo, el vigilante de Esclavuno y el pan de leche de Asturias, además de la suya propia –un sacramento en éste caso-); el almuerzo: la sopa y el churrasco, el vino con soda (los vasos rebalsaban, pura soda) y la fruta: dos mandarinas desgajadas mientras su madre le hacía preguntas acerca de su rendimiento escolar. Después, como premio por ir a cortarse el pelo a Harrods (la madre se había copiado del carapálida), dos panchos con Coca-Cola y un turrón. Finalmente, el Toddy frío con dos medialunas de grasa y una de manteca. ¿Era posible deshacerse de todo eso? Menester ignoraba por completo el mecanismo de la digestión, cosa que no le producía mayor queja por el momento. Sólo quería saber si el producto presente iba a ser el resultado íntegro de lo que había devorado en el pasado inmediato.”
Luis Chitarroni, El Carapálida, Tusquets, 1997.

El Equipo traslada la misma encomienda a todos los voluntarios del Proyecto que deseen participar, sin compromiso. Tenemos curiosidad por conocer qué libros y qué páginas 161 rondan por sus mesas de luz y sus mochilas, es verdad. Pero en última instancia pueden considerarlo como una excusa para postear más a menudo (sin hacer nombres).
Con cariño,
El Equipo de Proyecto Tiresias
Fotos
Walter Sanders,1947
Dmitri Kessel, 1949
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